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Sueños no revelados.

Antonio Espinoza. 

Ciudad de México, Octubre de 2015

¡Forastero! Hay sueños inescrutables y de lenguaje oscuro, y no se cumple todo lo que anuncian a los hombres. Homero

¿Qué podría amar a no ser el enigma?

Giorgio de Chirico

Wolfgang Paalen acuñó el término “prefiguración” para referirse a la capacidad de cierto tipo de pintura para expresar formas en potencia, formas que aún no son tales. La verdadera pintura, según el extinto maestro austriaco, es aquella que tiene capacidad de prefigurar un nuevo estado de cosas, de proyectarse desde el presente y con la riqueza acumulada del pasado, hacia el futuro, a través del arma de la imaginación. Las poéticas de carácter abstracto- informal que se han practicado desde hace mucho tiempo se pueden entender bajo los parámetros paalenianos. El informalismo es una forma de expresión que elimina naturalmente cualquier referencia figurativa para resaltar en el soporte bidimensional la realidad de los colores y los trazos en el juego del acto creativo. Sin embargo, en este tipo de obras el espectador muchas veces puede registrar asociaciones figurativas, elementos representativos que a menudo son deliberados.

La pintura es un lenguaje, es un arte que, por su naturaleza misma, es una representación; una representación que no puede rehusarse a decir, a expresar. Aún el arte abstracto (un arte de invención pura, de emoción y sentimiento) dice, expresa algo. ¿Puede un artista abstracto despojarse de las experiencias visuales que a lo largo del tiempo se han ido acumulando en su memoria? Siempre he creído que tal cosa es imposible. Aún cuando un artista haya decidido voluntariamente internarse en los laberintos de lo informal y orientar su proceder hacia problemas de color, forma y ritmo, siempre habrá en su obra elementos relacionados con experiencias visuales que lo han marcado o con elementos inconscientes que emergen de su interior.

Pintora abstracto-informal, María José de Simón (Santander, España, 1963) afirma que su obra proviene de lo más profundo de su ser, del espacio de libertad que alberga los sueños. Su pintura, sin duda, le da la razón. La pintora sabe que en el juego formal de la abstracción lírica todo se vale: azar, emoción, impulso gestual, subjetividad pasional...Dueña de una buena cocina pictórica (chorreados, esgrafiados, manchas, acentos), pone sus medios y sus obsesiones al servicio de la reflexión existencial. En su aventura onírica, no se desborda a la manera de la action painting, sino que recurre a esquemas de configuración más controlados, buscando mantener sobre el soporte referencias figurativas que el espectador está llamado a interpretar.

María José de Simón no pretende en ningún momento representar la realidad, recrear lo visible, pero en su juego informalista nos invita a echar a volar la imaginación y adivinar lo que hay en su pintura ¿Qué vemos en sus cuadros? En términos paalenianos, formas en potencia que prefiguran un nuevo estado de cosas. ¿Estructuras pétreas que presagian un mundo posible? La verdad es que no lo sabemos: la pintura de María José de Simón se nos presenta como algo indescifrable. Creo que la única certeza que podemos tener frente a la obra pictórica y gráfica de esta autora es que estamos ante un enigma creativo más. ¿Qué podemos hacer? ¿Qué podemos decir? Quizá lo mejor sea optar por un discreto silencio y por el goce de la contemplación estética.